¿Qué hacemos con los museos?

Encuentro coordinado por Gilberto González con Yolanda Peralta, Ramón Salas, Maite Henríquez y Fernando Estévez.

 

A raíz del encuentro en TEA a propósito de Clamor de Pérez y Requena en área 60, surgió la conversación de si la obra -un “cajón” en el que se materializaban imágenes asociadas al entorno bélico , no resultaban una metáfora, -precisamente por estar dentro de un museo-, de en lo que se habían convertido los museos y salas da arte, espacios que lejos de contextualizar lo expuesto, en la mayoría de las ocasiones rompen la relación con la realidad. La conversación en los museos deriva siempre a hablar del espacio que en concreto alberga la exposición, pero la realidad es que independientemente de la mayor o menor fortuna en la gestión de esos espacios museísticos, los museos como instituciones sociales atraviesan una larga crisis de supuesta legitimidad. El museo intenta entrar en los círculos de la espectacularidad pero no puede -salvo dudosas excepciones- competir con el parque temático. Supuestamente legítima a las élites, pero honestamente a las élites les interesan bien poco y dudo que salvo los reconocidos como iconos turísticos, tengan algún interés en ellos. Los museos son en cierta forma baluartes de estados que se nos presentan como fallidos, por ello se mantienen por ser parte de la inercia democrática que arrancan en las sociedades del XIX y por la incomodidad de deshacerse de los objetos que se custodian.

Si asumimos que los museos no sirven a la ciudadanía, esperamos que al menos sirvan en el ámbito del arte al artista, pero por diversas cuestiones no parece que ni ahora, ni antes, el artista encuentre un espacio amistoso en el museo:

Seth Sieglaub, comisario holandés escribe respecto a los museos y galería en los años 60

“… El ritmo de la producción, la cadena de montaje de las exposiciones de arte, por decirlo así, era demasiado rápido y regular. Apenas quedaba tiempo para pensar y jugar, que para mi es muy, muy importante. Me parecía que debía haber una manera mejor de hacer un exposición cuando querías hacerla, sin todos aquellos continuos gastos generales como alquileres, luz, teléfono…es decir separar las limitaciones administrativas y organizativas del espacio de los posibles aspectos artísticos del espacio… en cierto modo era el “rabo” de la galería el que “meneaba” el arte…”

El sentido del encuentro es, asumiendo que como los ejercicios espirituales de San Ignacio “usted rece que ya llegará la Fe” no vamos a cerrar los museos, pero vale la pena preguntarse de forma periódica, que hacer con ellos.

 

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